
No tengo una respuesta exacta sobre cuántas capas de corrector hacen falta para que una ojera deje de verse gris en una foto, pero sí sé que las tres que me puse para una cena con gente de la oficina no alcanzaron: la foto grupal terminó en el chat y mis ojeras se veían peor que sin nada de maquillaje. Ahí decidí meterme a un curso de automaquillaje avanzado que de plano explicara corrección de color, en lugar de otro tutorial que solo enseña a tapar ojeras y manchas con más producto encima.
Llevo un rato comparando cursos de Hotmart como quien compara el precio del kilo de aguacate en distintos changarros: ¿cuántas citas con la maquilladora me ahorro con lo que cuesta esto? Si el curso me sale más o menos en dos maquilladas para boda, ya lo considero ganancia. Se lo comenté a Mariana, mi compañera de área, que anda con el mismo presupuesto apretado que yo, y coincidimos en que la mayoría de estos cursos vende algo que en el fondo es básico repetido con otras palabras.
Por qué el corrector normal no resuelve las ojeras y manchas
El corrector que ya tenía en el tocador no era el problema. Antes de meterme al curso, había intentado copiar el look completo de una influencer que subía tutoriales bien producidos: compré casi los mismos productos que ella recomendaba, pensando que el resultado se parecería. No se pareció en nada. Sin la técnica detrás, terminaba con el mismo corrector de siempre encimado en capas, marcando más las líneas de expresión después de varias horas de junta que si no me hubiera puesto nada.
Ese fue el primer golpe de realidad: comprar producto no resuelve nada si no sabes qué tono tiene debajo lo que estás tapando. Ponerle corrector muy claro a una ojera oscura la deja gris y brillante, como una mancha de humo mal disimulada. El curso empezaba justo ahí, con algo que sonaba obvio pero que yo nunca había hecho: identificar el tono exacto antes de elegir con qué taparlo.

La corrección de color, explicada sin tanto rollo
Aquí es donde el curso realmente se ganó lo que pagué. Hablan de la teoría del color igual que la explican en diseño gráfico: para neutralizar un tono necesitas el que está justo enfrente en el círculo cromático, su opuesto. Mis ojeras tienen ese tono morado azulado, así que el corrector que las apaga es un salmón o durazno, nunca el corrector clarito de siempre que solo aclara sin corregir nada.
Ahí también aprendí, a la mala, que no cualquier naranja funciona: la primera vez que probé, me puse un tono bien encendido y terminé con unas manchas anaranjadas que ni difuminando se disimulaban. Importa la saturación, no solo el color: un durazno pálido corrige, un naranja intenso se nota a leguas. Mi piel además tiene subtono frío, y usar tonos muy cálidos la remarca en lugar de camuflarla, sobre todo con el clima seco de acá; cambié al salmón pálido y ahí sí dejó de notarse el corrector como corrector.

Manchas de sol: otro problema, otra corrección
Las manchas de sol en las mejillas son otro tema, aparte de las ojeras. El curso las trata distinto porque el tono de una mancha depende de la melanina que predomina ahí, y eso cambia si conviene un corrector más rosado o uno más amarillento. No entré a fondo en la química -para eso está el enlace-, pero sí aprendí una técnica que cambió el resultado: en vez de arrastrar el corrector con la brocha, lo voy depositando a toquecitos, sin jalar la piel. Si arrastras, levantas lo que acabas de poner.
Comparado con un curso de maquillaje social que había tomado antes, la diferencia está en el nivel de exigencia: el curso social te dice qué producto usar y en qué orden, bueno para una boda civil de día donde el look es sencillo, pero no explica por qué. El de automaquillaje avanzado sí explica el porqué, y por eso es el que uso cuando la noche pinta más exigente, como una cena de clientes bajo luz de restaurante que no perdona nada.

Poniendo la técnica a prueba en una cena de clientes
Antes de esa cena, hice el ensayo en mi cuarto, frente al espejo ovalado que tiene un aro de lucecitas alrededor -lo instalé yo misma un fin de semana-. Ahí tengo los correctores separados por tono en un organizador de acrílico con varios compartimentos, y me siento en la misma silla de oficina que giro para revisarme desde distintos ángulos sin levantarme. La pared del fondo es gris paloma, ni cálida ni fría, así que el tono que veo ahí es bastante parecido a como se va a ver ya en la calle.
Esa noche apliqué todo: hidratación ligera, salmón pálido en las ojeras, un toque de corrector verde -complementario del rojo- sobre un grano que me salió por el estrés de la semana. En la cena, mi jefa me preguntó a qué salón había ido a arreglarme, y cuando le dije que me había maquillado yo sola en mi cuarto, no me lo creyó.
Para la semana diez de estar practicando esto casi todas las noches entre semana, lo que antes me tomaba una hora frente al espejo bajó a veinte minutos, y usaba la mitad del producto de siempre. Si usas lentes para leer reportes largos, como yo, ya sabrás que el peso del maquillaje bajo el armazón es un problema aparte; por eso también me sirvieron unas técnicas de maquillaje de ojos para resaltar la mirada si usas lentes que fui aplicando en paralelo. No fue una revelación de un día para otro: fue que la mano ya sabía dónde tocar sin que yo tuviera que pensarlo.

Fernanda, una lectora de Monterrey que me escribe seguido por Instagram, me contaba hace poco que en su trabajo de ventas le tocan varios eventos corporativos por trimestre, y ahí la prioridad cambia: necesita que el maquillaje aguante horas bajo luz de salón de eventos, no nada más una cena de dos horas. Para ese tipo de agenda, el curso avanzado rinde más porque enseña a construir la base para que dure, no solo a que se vea bien la primera hora.
A veces, cuando el ensayo me sale mal y ya no quiero ni ver el espejo, salgo a caminar un rato por el Andador Libertad, en el Centro Histórico, antes de volver a intentarlo. Ayuda despejarme antes de decidir si repito la técnica desde cero o si ya se me hizo tarde y mejor lo dejo para el día siguiente.
Lo que realmente vale la pena de estos cursos
Lo que aprendí de todo este proceso no es una técnica en particular, sino el orden en que hay que aprenderlas: entender el color antes de comprar el producto que promete corregirlo. Cuando compré los mismos productos que usaba esa influencer sin saber por qué los usaba así, tiré el dinero. Cuando entendí primero qué tono necesitaba y por qué, cualquier corrector decente empezó a funcionar mejor que el más caro del mercado.
Si están por decidir qué curso tomar, esa es la pregunta que yo haría antes de pagar: ¿enseña por qué funciona la técnica, o nada más qué pasos seguir? Y ya que el maquillaje quede bien corregido, para que aguante toda la cena sin necesidad de retocarlo cada rato, sigo usando los mismos mejores fijadores de maquillaje para que tu look dure toda la noche de siempre.