
Una tarde calurosa de mayo en Querétaro, justo antes de una cena importante con clientes de la firma de logÃstica donde trabajo, me miré al espejo del baño y me dio un vuelco el corazón. Mi base de maquillaje estaba totalmente "cuarteada", como si el desierto mismo se hubiera mudado a mi cara. Fue el momento exacto en que entendà que tener una cosmetiquera llena de productos caros no sirve de nada si no tienes ni la técnica correcta ni las herramientas adecuadas. AhÃ, entre el calor del bajÃo y el estrés de la minuta de la reunión, decidà que ya no podÃa seguir improvisando.
El costo de la ignorancia (y de las maquilladoras por evento)
Durante años, mi ritual era el mismo: cada que habÃa una boda familiar o una cena corporativa, sacaba cita con una maquilladora. Pagaba lo equivalente a lo que me gasto en el súper de una semana entera solo por sesenta minutos de sombras y pestañas postizas. Al final del año, esa cuenta era un susto. Por eso, a finales del año pasado, decidà usar mi tarjeta de crédito para algo diferente: me inscribà en mis primeros cursos de Hotmart de automaquillaje. No querÃa ser esteticista titulada, solo querÃa dejar de depender de alguien más para verme decente en las fotos de los eventos del trabajo.
Comparé los cursos como comparo los precios del detergente: por cuántas noches de maquilladora profesional me ahorraba el costo de la inscripción. Si el curso me costaba lo mismo que dos maquilladas para boda, y aprendÃa a hacérmelo yo sola para siempre, era una inversión redonda. Asà fue como empecé a armar lo que hoy considero mi kit básico de supervivencia, ese que me da un acabado profesional sin tener que haber estudiado una carrera formal en el rubro.

La preparación: El 70% del éxito no está en el color


Uno de los mayores errores que cometÃa era pensar que el maquillaje tapaba la piel descuidada. En los cursos aprendà que la hidratación previa es el 70% del éxito para evitar ese efecto acartonado que tanto odiaba. Si tu piel tiene sed, se va a